Los líderes del G20 se comprometieron este viernes a evitar "devaluaciones competitivas" de monedas y "fortalecer la cooperación internacional" para reducir los desequilibrios globales, según el comunicado final de la cumbre de Seúl.
En su llamado 'Plan de Acción de Seúl', incluido en ese comunicado, el G20 señaló que se moverá "hacia un sistema de tasas de cambio más determinado por el mercado", y se "abstendrán de devaluaciones competitivas de monedas".
"Las economías avanzadas, incluyendo aquellas con monedas de reserva, permanecerán vigilantes a la volatilidad excesiva y movimientos desordenados de las tasas de cambio. Estas acciones ayudarán a mitigar el riesgo de excesiva volatilidad en los flujos de capital que enfrentan algunos países emergentes", señaló el texto.
Tras dos días de discusiones, las 20 mayores economías del planeta advirtieron que las políticas económicas "no coordinadas" sólo pueden tener consecuencias desastrosas "para todos". Por ello, el G20 se comprometió a "fortalecer la cooperación multilateral" para "reducir los desequilibrios excesivos" en la economía mundial.
Asimismo acordaron aplicar mecanismos para "mantener los niveles de cuenta corriente en rangos sostenibles", según criterios que serán definidos por grupos de trabajo con apoyo técnico del Fondo Monetario Internacional.
La cumbre de Seúl del G20 tenía como principal objetivo bajar la tensión por la "guerra de divisas" y los desequilibrios de cuentas corrientes, principalmente entre Estados Unidos y China, que acentuaron las diferencias dentro del grupo en los últimos tiempos.
El debate sobre las intervenciones para devaluar las monedas e impulsar las exportaciones propias se tensó más tras la decisión tomada la semana pasada por la Reserva Federal, el banco central estadounidense, de inyectar 600.000 millones de dólares en el circuito financiero. Este anuncio despertó fuertes críticas de China, Alemania y Brasil porque debilita la cotización del dólar.
Bancos, FMI y Doha
El anfitrión de la cumbre, el presidente surcoreano Lee Myung-bak, explicó hoy que con estos acuerdos "hemos logrado resultados significativos y dado un paso más con respecto a las cuatro cumbre anteriores" del G20, tras Washington, Londres, Pittsburg (EEUU) y Toronto (Canadá).
En algún momento, el intenso cruce dialéctico entre los países hizo temer que se rompiera la unidad del G20, pero ahora "la cumbre ha demostrado (que permanece) el espíritu de cooperación internacional del G20".
En su declaración, los mandatarios muestraron su apoyo a un FMI "modernizado" que refleje los cambios que han tenido lugar en la economía mundial con "una mayor representación" de las economías emergentes y naciones en desarrollo, en línea con la reforma aprobada la semana pasada por el Consejo Ejecutivo del organismo.
El acuerdo versa también sobre los elementos fundamentales del nuevo marco de regulación financiera, incluyendo el capital bancario, los estándares de liquidez y otras medidas para hacer un sistema financiero "más robusto".
Además, se comprometieron a trabajar para alcanzar una conclusión exitosa y equilibrada de la Ronda de Desarrollo de Doha, al tiempo que presentaron un plan de acción de Desarrollo dirigido especialmente a los países de baja renta para avanzar hacia el reequilibrio mundial.
Los líderes de los 20 países ricos y emergentes se comprometieron "a poner el empleo en el centro de la recuperación", además de "proveer protección social y un trabajo digno" y asegurar "un crecimiento acelerado en los países de baja renta".