Casi 20 millones de iraquíes se disponen a acudir hoy a las urnas en las segundas elecciones parlamentarias en ese país tras la caída del régimen de Sadam Husein. La frágil democracia será puesta a prueba en una jornada que comenzó ya con la muerte de al menos 24 personas y cerca de 60 heridos en la capital en ataques con morteros que buscaban alterar a la población.
Estos comicios supieron superar la anulación inicial de más de 500 candidaturas suníes de asociados al partido Baaz del fallecido ex dictador iraquí y la costosa reforma de ley electoral para la Gobernación de Kirkuk.
Los iraquíes acuden a las urnas para elegir al gobierno que regirá al país durante la retirada militar estadounidense, en unos comicios que llegan precedidos por un aumento de los ataques rebeldes y de amenazas de muerte de Al Qaeda contra aquellos que se atrevan a concurrir a las urnas.
En los diversos atentados vividos hoy hasta el momento, doce personas murieron al derrumbarse un edificio de viviendas tras la explosión de un artefacto colocado al pie del inmueble en el barrio de Ur, en el norte de Bagdad, según una fuente citada por la agencia AP; mientras que otras cuatro personas fallecieron cuando otro edificio bagdadí, esta vez en el barrio sureño de Churta Rabia, se derrumbó por la detonación de explosivos.
La fuente no precisó la razón por la cual estos dos edificios fueron tomados como blancos.
En medio de un masivo operativo de seguridad, unos 19,8 millones de los 28 millones de ciudadanos iraquíes están habilitados para participar de los comicios, en los que más de 6.200 candidatos se disputarán las 325 bancas del ampliado Parlamento iraquí, según informó la agencia de noticias DPA.
Los milicianos amenazaron con boicotear la votación con violencia, pues la consideran una forma de validar al gobierno de dirigencia chií y a la ocupación estadounidense, por lo que comenzaron los ataques con mortero justo cuando abrieron las casillas.
Los insurgentes también lanzaron proyectiles contra la Zona Verde, donde se encuentra la embajada de Estados Unidos y la oficina del primer ministro. En el barrio suní de Azamiyah la policía reportó 20 ataques con mortero desde que comenzó el día.
Pero a pesar de esto los electores acudían para emitir su voto. En el barrio chií de Hurriyah, en el noroeste de Bagdad, los altavoces en las mezquitas llamaban a las personas a votar como "flechas en el pecho del enemigo".
En las últimas elecciones parlamentarias, en 2005, las fuerzas políticas sunnitas cerraron filas y organizaron un boicot que arrastró al país al borde de la guerra civil.
Cinco años después, la situación es distinta: los sunnitas no sólo mostraron su voluntad de participar, sino que incluso organizaron campañas para llamar al voto a los miembros de su comunidad, en un intento por equilibrar el balance de fuerzas post-Saddam, netamente favorable a los chiitas.