En medio de la violencia que dejó un saldo de 38 muertos en lo que va de la jornada de hoy, los iraquíes desafiaron los ataques con bombas y votaron en masa en las segundas elecciones parlamentarias que enfrenta ese país tras la caída de Sadam Husein.
En unas elecciones marcadas por las amenazas de Al Qaeda, la frágil democracia era puesta a prueba en una jornada que dejó tambien casi un centenar de heridos en la capital en ataques con morteros que buscaban alterar a la población.
Los colegios electorales protegidos por severas medidas de seguridad cerraron hoy a las 14H00 GMT, dando inicio al escrutinio, según indicó la comisión electoral.
Estos comicios supieron superar la anulación inicial de más de 500 candidaturas suníes de asociados al partido Baaz del fallecido ex dictador iraquí y la costosa reforma de ley electoral para la Gobernación de Kirkuk.
Los iraquíes acudieron a las urnas para elegir al gobierno que regirá al país durante la retirada militar estadounidense, en unos comicios que fueron precedidos por un aumento de los ataques rebeldes y de amenazas de muerte de Al Qaeda contra aquellos que se atrevieran a concurrir a las urnas.
Los colegios electorales cierran a las 17H00 locales (14H00 GMT) pero si hay filas de espera, las oficinas de votación deben aceptar hasta que llegue el último elector de la fila", afirmó Hamdia Husseini a la televisión pública iraquí. "No hay prolongación de los horarios de votación", añadió.
En medio de un masivo operativo de seguridad, unos 19,8 millones de los 28 millones de ciudadanos iraquíes estaban habilitados para participar de los comicios, en los que más de 6.200 candidatos se disputaban las 325 bancas del ampliado Parlamento iraquí, según informó la agencia de noticias DPA.
Los milicianos amenazaron con boicotear la votación con violencia, pues la consideran una forma de validar al gobierno de dirigencia chií y a la ocupación estadounidense, por lo que comenzaron los ataques con mortero justo cuando abrieron las casillas.
Los insurgentes también lanzaron proyectiles contra la Zona Verde, donde se encuentra la embajada de Estados Unidos y la oficina del primer ministro. En el barrio suní de Azamiyah la policía reportó 20 ataques con mortero desde que comenzó el día.
Tanto en Bagdad como en el resto del país, incluyendo a las regiones sunitas como Mosul (norte) y Al Anbar (oeste), que boicotearon las elecciones de 2005, se observaron largas filas delante de los colegios electorales, donde los electores se sometían sin protestar a registros corporales, observaron los corresponsales de la AFP.
Pero a pesar de esto los electores acudieron a emitir su voto. En el barrio chií de Hurriyah, en el noroeste de Bagdad, los altavoces en las mezquitas llamaban a las personas a votar como "flechas en el pecho del enemigo".
En las últimas elecciones parlamentarias, en 2005, las fuerzas políticas sunnitas cerraron filas y organizaron un boicot que arrastró al país al borde de la guerra civil.
Cinco años después, la situación es distinta: los sunnitas no sólo mostraron su voluntad de participar, sino que incluso organizaron campañas para llamar al voto a los miembros de su comunidad, en un intento por equilibrar el balance de fuerzas post-Saddam, netamente favorable a los chiitas.
El primer ministro Nuri al Maliki, que votó en un hotel de la "Zona Verde" minimizó la violencia.
"Hoy mi voto es un desafío a Al Qaeda", afirmó un elector, Jaled Abdalá, de 35 años, mientras cuatro explosiones retumbaban en el bastión sunita de Faluya.