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Son personas que estuvieron junto a los presuntos responsables de la matanza del 11-M, conocidos y familiares de los enjuiciados ahora o de aquellos que huyeron o se quitaron la vida en Leganés. Su testimonio ante el tribunal de la Audiencia Nacional aportó más luz sobre las motivaciones que llevaron a matar a 191 personas aquel 11 de marzo de 2004 en Madrid, y en particular sobre el odio y el extremismo de uno de los acusados, Mohamed Larbi Ben Sellam.
Como en días anteriores, los testigos que comparecieron en la 14ª jornada del juicio estaban protegidos para que no se pudiera averiguar su identidad. Los dos primeros estaban relacionados con Mohamed Larbi Ben Sellam, supuesto miembro de la célula islamista para el que la Fiscalía pide 27 años de cárcel por conspiración para asesinato terrorista y pertenencia a banda armada. Se lo considera además el nexo de unión de los islamistas con los autores intelectuales de la matanza, Serhane ben Abdelmajid Fakhet, el Tunecino, y Osman Rabei Osman el Sayed, El Egipcio.
Ben Sellam comenzó a ser controlado por la Policía a finales de 2002, casi un año antes de los atentados, por su relación con el entorno radical islamista; finalmente, fue detenido en Barcelona en junio de 2005, en la operación Sello. En relación a los atentados de Madrid, era una pieza fundamental dentro del Movimiento Salafista de la Yihad Combatiente, organización dirigida y controlada por El Tunecino y El Egipcio. De hecho, se cree que Larbi era un nexo necesario para contactar con cualquiera de ellos. Fruto del seguimiento permanente que la policía ejercía sobre él desde 2002 se sabe que era partidario de hacer la yihad (guerra santa) en España y en Marruecos.
Los testigos protegidos S20-04-J-35 y S20-04-J-11 trabajaron con Mohamed Larbi Ben Sellam en el mercado de Chamberí. Según contaron, éste era “el cabecilla” y “líder espiritual” del grupo. Según el segundo testigo, tenía “una actitud muy agresiva” y sentía “odio” hacia la sociedad norteamericana; hablaba de la necesidad de apoyar “la causa palestina”, hasta el extremo de defender incluso los atentados suicidas. El primer testigo (aunque “con muchas dudas ya que ha transcurrido mucho tiempo”) vinculó a Ben Sallam con otros miembros de la célula islamista (El Chino, Mohamed Oulad Akcha y Allekema Lamari, muertos en Leganés; y Said Berraj, en paradero desconocido). Según contó, Ben Sallam exigía a sus compañeros que se dejaran crecer la barba durante el Ramadán, cómo hacía él por ser “muy creyente”.
Después de los testigos S20-04-J-35 y S20-04-J-11, comparece S20-04-N-33, que tuvo relación también con Jamal Ahmidan, El Chino, muerto en el piso de Leganés.
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